Muchas personas consideran que ser bilingüe es un requisito esencial para poder traducir o interpretar, pero ahora justificaremos porqué esto no es siempre así en todos los casos. Cada profesión requiere tener unas habilidades concretas y en el campo de la traducción y la interpretación, también esta afirmación es cierta.

Desde el punto de vista de una persona corriente, para ser un buen traductor llega con saber defenderse en el idioma en cuestión y con un buen diccionario, pero los que nos dedicamos profesionalmente a traducir para agencias de traducción, sabemos que la realidad es muy diferente. Se necesitan años de preparación y conocer tanto el idioma como la cultura de la lengua origen y de la lengua meta.

No podemos negar que si una persona es bilingüe en dos idiomas tiene mucho terreno ganado: más facilidad para aprender porque tienen una base idiomática sólida, más rapidez a la hora de buscar en su mente sus conocimientos previos… Aun así, que una persona sea bilingüe solo garantiza que puede expresarse en dos lenguas diferentes, y normalmente con sus propias ideas, ya que un tema totalmente diferente es expresar lo que otras personas quieren comunicar de manera fiel y leal, tal y como hacen los traductores e intérpretes.

Cuando los estudiantes de traducción e interpretación llegan al primer año de la carrera piensan que tienen todo ganado con ser bilingües, pero esto no es así. Si bien es cierto que una persona que tiene un mayor nivel de un idioma concreto tendrá mayor facilidad para adquirir nuevo vocabulario y conocimientos culturales que una persona con un menor nivel, para ser traductor o intérprete existen una serie de habilidades que se aprenden con el tiempo y para las que hay que entrenarse. No todo es tan fácil como parece, por lo que en la próxima publicación comentaremos qué capacidades relacionadas con el bilingüismo son más importantes para ser un traductor o intérprete con éxito.

 (continúa en la parte 2)

María Dolores González

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